COMO UNA FLOR MARCHITA

 ImagenEn los entresijos de su corazón aún quedan restos de la niña que fué. La que se dejaba guiar por el viento fresco que la envolvía como un manto suave con olor a rosas perfumadas.
Un cuerpo liviano que volaba al compás del tronar de los pajarillos a los que quería alcanzar sin necesidad de poseer alas. Una veleta sin norte, sur, este u oeste.
Daba igual cualquier destino mientras de su lado caminaran sus denominados “amores” pertenecientes al candor de su hogar. Ahí no había miedos ni temores, solo caricias desinteresadas llenas de ternura infinita.
Se aferraba a sus recuerdos y se dejaba arrastrar por ellos como las olas se dejan llevar por el mar para poder tocar tierra.
Pero al abrir las ventanas de sus ojos y toparse con la inmediata realidad en la que se hallaba sumida, esos recuerdos se desaprendían por sus mejillas como ríos de tinta dejando entrever un rostro marcado por evidentes signos de maltrato continuo.
Su sueño de niña se vió malogrado por aquel hombre que la hizo esclava de su propia vida, manejando los hilos de la marioneta en la que la había convertido.
Se sentía frágil como un cristal apunto de quebrarse en mil pedazos y en su alma se había arraigado una tristeza tan sumamente profunda que se sentía presa en la cárcel de su propio cuerpo.
Y así como una flor marchita tendida en el suelo dibujado por una alfombra roja, con olor a sangre fresca, dejó este mundo sin hacer ruido esbozando una tímida sonrisa que la haría volar con total libertad hacia un nuevo horizonte.
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