EL ABUELITO JUAN

Imagen Su rostro agrietado y seco estaba marcado por los signos evidentes de una edad avanzada que lo había ido consumiendo lentamente, postrándolo en una cama en la que el color de sus sábanas se confundían con su esquelética silueta.
A pesar de que la vida no le había facilitado el camino poniéndole un obstáculo a cada paso que daba, su mirada aún conservaba la frescura de aquel jóven adolescente que un día quiso comerse el mundo.Pero un interminable e incurable enfermedad sentenció su existencia condenándolo irremediablemente a una muerte segura y lenta.
El reloj que colgaba en la pared a modo de estalactita en la habitación donde Juan gastaba su último aliento de vida, marcaba inexorablemente el paso del tiempo convirtiéndolo de una forma cruel y despiadada en le mayor enemigo que jamás pensó tener.
Pero Juan siempre fue un hombre valiente y luchador que no estaba dispuesto a que una desafortunada enfermedad mermase un espíritu aventurero del cual siempre había presumido y del mismo modo lo había acompañado en sus andanzas por la vida.
Ese espíritu aventurero lo transmitía cada día en forma de interesantes y divertidas historias narradas con el alma, a dos pequeñas criaturas que hacían que el mecanismo de su debilitado corazón funcionase a toda vela.
Sara y Lucas que así se llamaban los nietos de Juan, eran unos niños de unos 6 años de edad de mofletes rechonchos y sonrosados, sonrisa traviesa y los cuales compartían una adoración especial por el abuelito.
Todos los días cuando Sara y Lucas finalizaban su jornada escolar, iban a visitar al abuelo para poder disfrutar de su agradable y enternecedora compañía.
Cada visita que los pequeños hacían a nuestro convaleciente anciano, era un soplo de aire fresco que recorría dulcemente cada poro de su piel, irradiando una placentera sensación de júbilo que le iluminaba la mirada y que hacía que su desgastada dentadura resplandeciese en forma de sonrisa dando luminosidad a su sombría enfermedad.
Para Juan no había medicina más efectiva que el amor que a diario le profesaban incondicionalmente estas dos exiguas personitas de apenas metro y medio de estatura, a las que el abuelo llamaba cariñosamente ” bolitas de algodón”.
Cuando estaba con ellos, Sara y Lucas se convertían indiscutiblemente en el motor fundamental que activaba enérgicamente el complicado engranaje de su frágil corazón.
Pero al caer la tarde cuando los niños se despedían del abuelo, Juan caía en un profundo abismo del que le era imposible escapar. Nuevamente todos sus males volvían a resurgir y el sonido de sus huesos  al crujir se transformaban en la banda sonora que hacía presagiar más cercano su calamitoso final.
Un final que no tardó en hacer acto de presencia cuando en una cálida noche primaveral, la chispa que mantenía encendida la llama de su ajado corazón se fue apagando paulatinamente dejándolo atrapado en un sosegado sueño del que nunca más pudo despertar.

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One Response to EL ABUELITO JUAN

  1. celeondream says:

    Me encanta tu forma de redactar. Esa manera de describirlo todo con tanto detalle que parece que estes ahí…Me engancha!

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