LA PRINCESA NUBE

Imagen En un país no muy lejano, oculto entre las montañas y entre la espesa arboleda que da la naturaleza, vivía una princesa en su castillo rodeada de grandes lujos y ostentosas joyas.
A su lado siempre su humilde servidor. Un hombre de gran corazón que la protegía de todo aquello que pudiera causarle daño y que además, enseñaba a la princesa en aquel lúgubre palacio unas antiguas técnicas samurais  que a ésta le gustaban tanto.
La relación que existía entre la princesa y aquel hombre era muy estrecha pero siempre salvando la distancia que debía de haber entre la nobleza y entre el servicio del que disponía la Real Corona.
Nube que así se llamaba la princesa, era tímida y reservada a la vez que una luchadora nata que no hacía distinción entre clase baja, media o alta.
Todos lo días, Nube pasaba largas horas de entrenamiento supervisada e instruida por su servidor al que ella llamaba cariñosamente ” Principito”. En ese estricto entrenamiento en el que la princesa ponía todo su empeño por aprender, las miradas cómplices que se cruzaban entre ésta y el ” Principito” hacían presagiar que esa relación que existía entre ambos daría muchos quebraderos de cabeza al Rey.
Una fría y lluviosa noche de otoño mientras Nube disfrutaba en sus aposentos de una apacible y agradable lectura al calor de su chimenea, escuchó como sin previo aviso se quebraban en mil pedazos los cristales de los grandes ventanales de la estancia donde ella se hallaba recogida.
Sin demora y con el corazón a punto de estallarle, se puso alerta dispuesta a llevar a la práctica todas las técnicas ancestrales de defensa que le había enseñado su ” Principito”. Y así, atacar sin piedad a aquel o aquellos que habían osado invadir las entrañas de su descomunal castillo.
Valiente y decidida pero con el miedo llamando a las puertas de su alma, la princesa avanzó silenciosamente con el fin de sorprender a los bandidos. Pero antes de alcanzar el objetivo que se había propuesto sintió como de golpe alguien la agarró fuertemente de la mano y la subió a lomos de un blanco corcel que se dirigía velozmente bosque adentro.
Entre tanto, en la despavorida huida en la que el caballo de blanco marfil galopaba a la velocidad del viento, Nube trataba de adivinar quien era ese jinete que la había tomado a la fuerza y sacado a rastras de su palacio.
Y así, cabalgando a deshoras encima de ese caballo y abrazada al jinete misterioso, Nube quedó sumida en un profundo sueño.
Al despertar de su letargo sintió como una placentera sensación de calor le invadía todo el cuerpo, provocada por el avivado fuego de una hoguera recién encendida.
Mientras nuestra princesa abría lentamente sus grandes ojos aceituna, descubrió asombrada que ese hombre  al que no logró ver en sus andanzas por el bosque, no era ni más ni menos que su querido y adorado “Principito”.
El “Principito” como así lo llamaba la princesa, narró a ésta cada uno de los detalles que le habían llevado a sacarla a la fuerza de palacio en tan frenética huida.
Así que, sin más demora y habiéndole contado a Nube que esa panda de bandidos que entraron en su castillo tenían la orden de secuestrarla para pedir su rescate en oro al Rey, la convenció para que se fugara con él con el fin de protegerla hasta que pasara el peligro.
Nube perpleja y sin vacilar ni un instante miró fijamente al “Principito” y con una afirmación tajante le contestó que sería capaz de ir con él al fin del mundo si fuera necesario. Seguidamente, él se inclinó hasta el lugar donde la princesa se hallaba postrada y apartándole un mechón de cabello que caía sobre su rostro le prometió que jamás la abandonaría a su suerte pasase lo que pasase.
Fue justo en ese mismo instante, cuando mirándose a los ojos y sin necesidad de mediar ni una palabra más, sellaron sus labios y fundieron sus cuerpos hasta que el rocío del alba los sorprendió desnudos enmarcando esa bucólica imagen bajo un cielo de acuarela.
El día amaneció soleado dejando atrás la lluviosa noche en la que la pareja de enamorados se encontró. Y así, habiendo pasado el peligro que puso en riesgo la vida de la princesa, ésta y el “Principito” decidieron regresar a palacio con el acuerdo de amarse en silencio para no levantar las sospechas de un Rey quería a Nube casadera con algún noble de la corte. De lo contrario, mandaría cortar la cabeza de cualquier hombre que no reuniese los requisitos impuestos por un Rey déspota y avaro al que sólo le importaba cuanto oro pudiera tener sin importarle los sentimientos de su propia hija.
Entre tanto, los días transcurrían con normalidad y la rutina de palacio era la misma de siempre, salvo dos corazones latiendo al unísono de un mismo sentimiento.
Las horas de entrenamiento que la princesa pasaba junto al ” Principito” se alargaban cada vez más, aprovechando cualquier movimiento para robarse mutuamente alguna caricia que no levantara sospechas a los ojos del servicio real, que siempre merodeaba por allí en los quehaceres de palacio.
El Rey que era muy astuto empezaba a barruntar de tan estrecha relación y prohibió al “Principito” que se acercara a su hija.
Ante la fatal noticia, la pareja de enamorados determinó fugarse a un lugar lejano donde nada ni nadie pudiera decidir como debían vivir su amor.Así que, sin dudarlo ni un segundo más, emprendieron un largo y agotador viaje hacia una pequeña aldea donde el “Principito”” poseía una acogedora cabaña de madera situada junto a un riachuelo que pasaba por ahí.
Allí vivieron maravillosos días de eterna felicidad. Todas las noches volaban con la imaginación a lugares exóticos y mantenían largas conversaciones sobre sus inquietudes amándose hasta doler.
Eran los dueños del mundo que habían construido a base de esfuerzo y no había nada que pudiera empañar ese amor tan pletórico y mágico.
Pero una tarde en la que paseaban felices uno al lado del otro contemplando la hermosa cascada que hacía sublime el paisaje en el que se había convertido su hogar, vieron como de la nada apareció un siervo del Rey y sin dar lugar a que pudieran defenderse, el malvado hombre quiso atravesar con su espada de acero al adorable “Principito”.
Nube que no podía creer lo que estaba sucediendo, se interpuso entre la espada y su amado, y el frío  acero atravesó su ardiente corazón. Seguidamente el frágil cuerpo sin vida de la princesa cayó entre la frondosa hierba, dejando a su paso un reguero de sangre que llegó hasta el agua del río tiñiéndola en tristeza.
El “Principito” roto por el dolor y con la respiración entrecortada se arrodilló ante su amada que yacía inerte en el suelo y abrazándola fuertemente contra su pecho miró al cielo y juró que no bastaría una vida para quererla porque se amarían en esta vida y en todas las demás.

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One Response to LA PRINCESA NUBE

  1. Ohh… un final inesperado, esparaba que tuviesen principitos.

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